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Donde pongo el ojo meto la pata

Archivo para Noviembre 14th, 2007

Gordo se es, no se está

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La peste, eso parece que tenemos lo gordos. Hay una auténtica cruzada contra los que sufrimos al tener que atarnos los zapatos, meternos la camisa por dentro del pantalón o intentar rascarnos la espalda más allá de los costados. Hoy, el ministro de sanidad, un tal Bernard Soria que como científico debe de ser un crack pero no lo acredita como buen político, sale diciendo que “hay que luchar contra la obesidad” porque se han detectado casos de jóvenes con diabetes tipo II. Y lo dice mientras tiene que hacer paradas para poder respirar porque se agobia de lo gordo que está, ¡ole sus huevos!

Si vas al médico para que te ponga a dieta y mientras te dice lo que tienes que comer y lo que no se está agarrando sus lustrosos michelines, jamás le puedes decir:

“¿Cómo quiere que yo adelgace? Predique con el ejemplo”

Porque el te responderá, con toda la razón:

“¿Quién ha venido al médico, usted o yo? Pues será usted el que quiera adelgazar, así que aplíquese”

Esto lo debería hacer el ministro, joder, que a él nadie le ha ido a la consulta. Y si vas dando consejos que no cumples, tienes menos autoridad moral que Maradona en el partido contra la droga.

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Un gordo ilustre, Enrique VII. Hubo un Enrique I el Gordo, pero como no he encontrado foto, pues me casco esta. Parece el de cazafantasmas, ¿qué no?


Por eso, como gordo practicante, he aquí unas ventajas de pesar más que la media:


- Beneplácito de las abuelas. Orgullosas de contribuir en tu gordura, es para ellas un gran placer verte disfrutar de sus deleites culinarios.


- Respeto en el asiento del autobús. Al igual que a las preñadas o a las post-menopáusicas, el gordo tiene derecho a asiento y, a ser posible, incluso disponer del de al lado para descansar sus posaderas.


- Permiso para pedir más comida sin complejos. Al gordo se le supone buen apetito y un cocinero ha de satisfacer sus deseos sin rechistar y con vergüenza de no haber conseguido saciarlo.


- Empatía con bebés y niños pequeños. Un flacucho no podrá nunca experimentar la felicidad de dormir un bebé en su regazo apoyado sobre su panza.


- Protección extra ante oleadas de biruji. De la misma manera que animales desarrollados en ambientes extremos como focas o pingüinos, poseemos una capaza de grasa para protegernos del frío.


- Derecho a ser torpe y poco habilidoso. A un gordo no se le puede exigir saltar vallas (sin descoserse alguna prenda), coger las cosas que se pasan por al vuelo, como las llaves del coche, o correr cuando pierde el autobús. Sus movimientos naturales son parsimoniosos y torpones.


- Resultar gracioso bailando mal. Gran ventaja respecto a los flacos que parece que les dan ataques epilépticos cuando bailan mal. Los gordos somos como los Papá Noeles bailarines, siempre resultamos graciosos.


- Parecer fuerte sin serlo realmente. Por cuestión de presencia escénica, se tiende a creer que un gordo esconde una fiera asesina superfuerte, cuando casi siempre llevamos un inofensivo gatito en nuestro interior.

Y la guinda, curiosidades del lenguaje:


- El punto flaco es tu debilidad, aquello en lo que eres vulnerables; mientras, el pez gordo es el que mueve el cotarro, un gran tipo, el triunfador.


- El dedo que simboliza que todo va bien es el dedo gordo, el cual, por cierto, se chupan los bebés, mientras que con los otros dedos flacos se pueden gesticular insultos y son utilizados hasta para provocarse el vómito, pecado mortal.

La respuesta de un gordo ante tanta persecución.

Escrito por piru

Noviembre 14, 2007 a 4:26 pm

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